El
mármol blanco me sugiere los vírgenes témpanos del polo norte o,
quizás, del sur. Aunque, a veces, sentada sobre los muros que la
circundan, es como si desandara desde la Patagonia hasta el río Bravo con
todos sus lamentos afro-indio-americanos. Tal es el embrujo que, todavía,
nadie ha podido ignorarla, a pesar de toda la promiscuidad citadina de su
entorno.
Hace seis años que es un emblema, una canción, un
poema, un recuerdo. Es memoria. El detalle que esta vez no hace
"grandes las cosas" es su reloj solar. Ella es única en sí
misma. Inmensa, extraordinaria. Por él y por su bien lograda armonía
arquitectónica, por la ingeniosidad de la idea y la fuerza de la luz. No
es una plaza común. Es nuestra Plaza Martiana, nacida del cálculo
pausado y exacto de más de 28 mil ecuaciones matemáticas.
Número a número surgió la trilogía que hoy
enorgullece a la ciudad de Las Tunas. Su creador, el arquitecto Domingo
Alás Rosell, combinó las ideas de una de las más pródigas escultoras
cubanas, Rita Longa (fallecida el pasado año), y su colega Ariel Camejo,
quien sugirió el proyecto del reloj solar para distinguirla así del
resto de sus similares del mundo. Empezaron; y lograron que esta hermosa
instalación histórica sea una exclusividad universal.
SIN PAGINAS
AMARILLAS
Hay
razones para que Domingo Alás camine lentamente sobre el pulido piso de
mármol blanco. De vez en vez, su mirada sube por el tronco de una de las
criollísimas palmas que complementan esta obra de arquitectura
conmemorativa y se detiene en una línea recta de color dorado incrustada
en el pavimento: el reloj solar. La idea inicial le asalta la mente una
vez más. No fue un proyecto ambicioso en sus inicios. Se trataba de hacer
una escultura de José Martí, de
forma tal, que estuviera de cara al sol a la hora que murió el 19 de mayo
de 1895. Mas, la ubicación pedida por Rita Longa no permitía el
sortilegio. El reloj solar comenzó a tomar cuerpo entre las perspectivas
creativas del equipo de trabajo.
Y aquí
está…único en el mundo, muy tunero. Fueron cuatro años y medio de
trabajo en el diseño de esta trilogía, donde el sol cuenta la historia.
La punta del Gnomon- nombre que recibe el dispositivo que proyecta la
sombra- hace un recorrido fuera del reloj en forma de curva hiperbólica
y, cada una, corresponde a un día específico de las fechas históricas
más importantes que tienen que ver con el Apóstol, incluido su
nacimiento, la fecha de la muerte y 56 sucesos más que completan la
escala meridiana.
LEYENDO EL RELOJ
El reloj
se lee con la sombra superior del canto del Gnomon y el calendario, con la
punta de la sombra del mismo, que da la hora en virtud del movimiento de
rotación de la tierra mientras que las fechas se dan por el movimiento de
traslación. Arte, historia y luz humana para encantarse siempre.
Los solsticios de verano e invierno y los equinoccios
de primavera y otoño se destacan en el reloj, que presenta un atraso
permanente, con relación a la hora del meridiano 75 W de Greenwich, de
siete minutos, 48 segundos y 80 centésimas y está apoyado con una
gráfica de ecuación de tiempo para la rectificación horaria. La línea
del meridiano tiene 65 fechas martianas que se marcan en el momento en que
culmina el sol y adquiere su mayor altura angular en el horizonte, justo
en el instante en que pasa por el meridiano, en 75 grados y 57 minutos.
DEL LADO BUENO DEL
SOL
El calendario solar de esta única plaza terrícola que
mezcla un reloj y un calendario solar con la figura de un prócer, marca
también la altura del astro con una serie de círculos concéntricos, que
forman el lugar geométrico de los puntos pertenecientes al intervalo de
alturas solares de alrededor de 15 grados.
El
momento cumbre ocurre el 19 de mayo. Este día, un reflector ubicado en la
cabeza de un pedestal, orientado según las coordenadas solares- acimut y
altura solar- justamente a las 2:30 de la tarde (hora oficial) cuando
cayó en Dos Ríos el más universal de los cubanos, José
Martí, un rayo de sol incide sobre su rostro de bronce, nacido de
la ya inmortal Rita Longa, para que siempre viva su proverbial pluma que
sentenció: Moriré de cara al sol.
EN SUS ARISTAS
AMBIENTALES
La
ciudad tiene un corazón de algo más de 204 años. En su centro, la Plaza
Martiana, se yergue provocativa y majestuosa, al más indiferente. Su
entorno resume la mezcla ideal del arte moderno y las raíces de identidad
cultural e histórica que identifican a Las Tunas.
Su ubicación en la populosa esquina de la calle Ángel
de la Guardia y Vicente García, avenida que une la también arteria principal
Francisco Varona y Joaquín Agüero, obligan a quienes recorren Cuba de
oriente a occidente que la lleven prendida en su retina o detengan su
vehículo para contemplar la magia de su arquitectura y el ingenio de su
creación.
El
otrora lugar que ocupaba la Administración de la colonia solo tiene su
indicio en la sugerente silueta de sus símbolos: dos asientos en forma
cilíndrica con una abertura que recuerdan la toma de los bastiones
españoles. El monumento a Ángel de la Guardia, en el lugar exacto donde
cayó en combate.
Y para que los siglos por venir no pierdan la huella, ahí están los
amplios murales de cerámica representando el fuego, el humo, el tropel de
los caballos y las columnas inclinadas con códigos arquitectónicos
actuales. Todo, en un exclusivo conjunto de fresca brisa, cálido sol
cubano y un cielo azul que, desde lo alto de los privilegios de un Caribe
que nos baña, seduce y conquista.