Una musa
despierta me confesó un día que, en la noche más oscura, pueden
calentar los rayos del sol. Y entonces sucede, dijo, que todo es un gran
descubrimiento, una comunión de alma y cuerpo, un éxtasis muy, muy
especial.
Es el cautivante placer de los sentidos que invita y
atrapa, conquista y desnuda para, luego, hacerte sentir una embriaguez
íntima que te marca para siempre. Desde la meseta más atrevida de esta
pintoresca ciudad, el hotel Las Tunas te produce toda esta amalgama de
emociones internas que, al decir de mi musa, te persiguen en las más
lejanas geografías y los más caros momentos.
Perteneciente a la cadena de turismo Islazul, cien por
ciento cubana, la moderna y funcional construcción recreativa encaja de
maravillas en lo alto de la elevación, donde las últimas novedades del
desarrollo le colocaron de vecina, en el lateral izquierdo, a la
monumentaria Plaza de la Revolución Mayor General Vicente García, con su
carga de historia y rebeldía, su fuente de agua y su parque natural,
perpetuando la memoria del insigne patriota mambí que defendió la
independencia de la Patria por estas tierras.
A la
derecha, un bosque de pinos y un césped natural invitan a un camping
aunque la fresca brisa del invierno estival balancee los altos árboles de
un verde intenso que dejan entrever el casi siempre despejado cielo del
oriente. Mientras, el amplio parqueo, los jardines y la elegancia del
hotel te llaman a traspasar su amplía puerta de cristal para buscar, con
la curiosidad del forastero, los misterios de sus pasillos interiores.
MIRANDO
ENTRE VITRALES
Elegancia, tranquilidad y buen gusto te enamoran. La
sed de un largo o pequeño viaje se calma no más en el mismo lobby. El
bar mantiene una