No ha resultado
fácil el cambio. Eso lo sé por experiencia propia. Uno se
acostumbra a los mimos y las caricias familiares, a
los consejos y sugerencias, a los desvelos
por crearte las mejores condiciones para tu desempeño, a
los elogios que hasta por cosas insignificantes suelen
lloverse. A tantas y tantas cosas...
Ahora, te darás cuenta que también necesitas para enfrentar
la vida, saltar con decisión ese cerco de amor y protección.
Poner en firme a los mimos, las caricias. Recordar los
consejos y sugerencias. Contribuir con tu esfuerzo personal a
mejorar las condiciones para un mejor desempeño colectivo.
Aprenderás a recibir y valorar los elogios cuando
realmente lo merezcas. Son muchas, muchísimas las cosas útiles
que incorporarás a tu experiencia personal.
¿La vida
militar?, es como una dosis fuerte que complementa la buena
formación que recibes en el hogar. Y resumo con esta expresión
el sentimiento de dos jóvenes, que por estos días han hecho un
alto en su habitual contrapunteo con los estudios para consolidar
su vocación de soldados de la Patria.
Son ellos Adrián Acosta Pérez y Darién Moisés Otero
González, dos nombres con aptitudes y actitudes, que se
multiplican en otros que juntos defienden la geografía local con
similar vocación.
Ellos no se conocen y anduvieron por derroteros diferentes
trazando el mismo destino. A Adrián lo encontré en un centro de
instrucción del MININT, a cuyas filas prestará servicios durante
un año, y a Darién en una escuela de preparación para la
defensa, de nuestras FAR, trinchera que ocupará por igual etapa
en las campiñas habaneras como miembro del EJT.
Ambos encontraron en el árbol genealógico la motivación para
estudios posteriores: Medicina y Psicología, en ese orden, con el
legítimo afán de seguir haciendo el bien. Elevados índices
académicos sustentan lo que fuera un sueño y hoy es sólo
cuestión de tiempo.
Coincidencia total de un compromiso que las nuevas generaciones
de cubanos asumen con naturalidad y una preparación que les
permite asimilar las nuevas tecnologías al servicio del amparo de
nuestra soberanía, y que van confirmando en las tradicionales
despedidas organizadas por los Comités de Defensa de la
revolución en sus cuadras de origen.
Maikel
rompió su frontera
Texto y foto:
Pastor Batista Valdés
Quizás una de las primeras en notarlo fue Lisset,
la vecina de los altos: ya Maikel no era aquel adolescente
delgaducho que "se pasaba el día echando palomas a volar por
encima de los edificios".
No
solo cariño; los muchachos del barrio también admiran mucho más
hoy a Maikel.
Ahora, sin renunciar a esa pasión, parecen
interesarle también otros asuntos: las amistades, el deporte, la
familia, el acontecer del territorio, del país, del mundo...
Pero no solo en su interior se producía la
metamorfosis. Físicamente Maikel Román Serrano "se convertía
en otro": mayor estatura y peso corporal, músculos bien
definidos a causa del equilibrado ejercicio, mejor gusto por el
pelado y hasta una expresión mucho más adulta en el carácter.
Es curioso, pero aquel cambio no tenía que ver
directamente con Castillo (su padre), ni con su mamá Maribel, ni
siquiera con el barrio. Más de un año cumpliendo su servicio
militar en la Brigada de la Frontera, en Guantánamo, lo transformó
gradualmente en el joven que quizás ni él mismo soñó.
"Cuando me dijeron que había sido escogido
para esa unidad me sorprendí bastante —asegura—, tenía mis
dudas sobre cómo sería la vida militar allí, tan lejos de la
familia, y sobre todo en un lugar como ese, al que se entra por
medio de una selección y donde hay que mantener una fuerte
disciplina.
"Aquella primera noche no fue como en mi
casa, pero tampoco tan triste; nos acostamos entre chistes y
jaranas. Nos dieron una bienvenida muy bonita. De todos modos
extrañé a mi mamá; siempre habíamos estado juntos para
todo."
VERDADES EN LA
MIRILLA
"Mira, a mí no hay quién me diga que le
gusta pasar años haciendo servicio de guardia, o soportar a los
mosquitos cuando se ponen molestos, o aguantar el frío si baja la
temperatura.
"Pero hay cosas que uno no olvida. La
preparación combativa que recibimos es muy buena. A mí me
encanta el tiro y allá lo hacemos bastante; yo soy técnico de
nivel medio en Electrónica y he aprendido también muchísimas
cosas de comunicaciones que me van a servir para el futuro.
"En el tiempo libre podemos practicar
deportes, escuchar música, ver televisión; tenemos hasta un
grupo musical, podemos bailar porque hay muchachas en el servicio
militar voluntario femenino y eso nos hace sentir mejor; los jefes
y oficiales nos dan buen trato y nos entienden.
"Cuando venimos de pase a la casa, nos traen
un lunes en una guagua y nos recogen el siguiente; eso no
falla."
—A veces no es fácil trasladarse hacia el
futuro —le digo—pero si tuvieras que hacer una abstracción cómo
imaginas que recordarás esta etapa dentro de 15 ó 20 años.
"En primer lugar quiero esforzarme para
obtener el estímulo de la Orden 18 del Ministro de las FAR y
estudiar Ingeniería en Telecomunicaciones, en Electrónica o algo
así, y si lo logro, se lo agradeceré al servicio militar.
"Pero si de algo estoy seguro desde ahora es
que voy a recordar mi paso por la Frontera como una etapa bonita,
porque allí me hice militante de la Juventud, y voy a salir mucho
más preparado y más capaz para enfrentar la vida."