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- TUNEROS -

Buenavista en Venezuela

Por Alfredo Carralero Hernandez

La estancia de la doctora tunera Martha Hernandez se extendio mas alla de lo previsto inicialmente y hace mas de un ano que presta colaboracion en el consultorio de Mamo, en Catia Lamar, del Estado de VargasAntes de partir de Las Tunas la doctora Martha Hernández comentó a sus padres que la estancia en Venezuela sería solo por unas semanas y les aseguró que pronto estaría de nuevo en su consultorio del reparto Buenavista.

Muchos de los que hicieron el viaje junto a ella aquella tarde de diciembre de 1999 regresaron antes de los tres meses, otros a los seis y en su caso el tiempo se prolongó mas alla de lo pensado inicialmente.

Los deseos por verla aumentaban en el seno familiar, mientras en el Estado de Vargas la medico tunera hacia cuanto podia para convivir tan lejos de su casa, de los "viejos" y de su hija Lizyán de 12 anos de edad.

Desde entonces han transcurridos mas de 20 meses y aun le restan alrededor de cuatro para volver a los suyos, a sus pacientes y a sonreirle a Buenavista donde la espera toda una comunidad.

Próximo a la costa en una zona conocida por Mamo en el litoral norte de Venezuela Martha tiene desde hace cerca de un ano su otro consultorio, distinto al de Las Tunas en la arquitectura, pero similar en el contenido del Programa Integral de la Salud (PIS) de Cuba en tierras de la nación sudamericana.

A ese lugar llegó desde Chuspa, sitio limítrofe entre los Estados de Vargas y de Miranda a donde fue a brindar los primeros auxilios cuando el desastre natural a causa de las lluvias en el área costera de Venezuela en diciembre de 1999

Fueron dias muy tensos, apunta Martha cuando recuerda las carpas que servian de refugio a los damnificados en los alrededores del estadio de beisbol de Catia Lamar y en otras partes de Vargas a donde acudieron los medicos cubanos ante la emergencia por la tragedia.

De aquellas tristes jornadas apenas quiere hablar. Hoy camina por donde todo estaba incomunicado y muchas veces llegaba en helicopteros y en fragatas como unicos medios para vincularse con las comunidades afectadas.

Mamo es precisamente uno de esos lugares. Su poblacion siente admiracion por todo lo que hicieron y realizan los medicos de la Isla por la contribucion a la salud y al mejoramiento de las condiciones higienico-sanitario de las familias y del entorno.

Aquí dicen que a finales de ano ella regresara a Cuba, pero nosotros desearíamos que volviera, que sea siempre nuestra medico, subrayo Lisett Quijada, vecina del lugar luego de ser atendida por la doctora tunera.

Martha toma un aire entre uno y otro caso, pues casi lleva cuatro horas sin levantarse de la consulta. Sale al frente del viejo local y comenta: hoy es un dia fuerte y por lo que veo tendre que estar aquí por lo menos dos horas mas de las previstas en la jornada.

Se aproxima la salida para las areas de terreno y ella aun permanece en el consultorio. Tras el ultimo de los casos atendidos toma rumbo hacia las viviendas planificadas a visitar y como si fuera una nativa camina entre los vecinos y llega hasta las casas mas distantes del poblado a ver a varios de sus pacientes.

El retorno a casa se ha extendido mucho mas alla del tiempo inicial, mientras en el reparto tunero de Buenavista la familia Hernandez Cordoví respira orgullosa y satisfecha por los aportes de Martha a la salud del pueblo de Vargas en la costa caribena de Venezuela (AIN).


Colaboradoras de la Salud en Venezuela

Honor de tuneras

Por Alfredo Carralero Hernandez
ServicioEspecial de la AIN

Sin conocerse año y medio atrás y residentes en Las Tunas, las doctoras Raquel y Margarita se unieron desde entonces como hermanas en tierras venezolanas y hoy son ejemplo entre los colaboradores de la Salud en ese país.

Ambas llegaron en los momentos de mayor tensión por los trágicos sucesos ocurridos a mediados de diciembre de 1999 en el área costera del Estado de Vargas y a partir de ahí, la mayoría la dintinguen como las tuneras del honor y la responsabilidad.

RAQUEL, RUBIA Y PERSISTENTE.

Raquel, pronto recibirá la noticia de que su hija, con igual nombre que ella concluyó la carrera de medicina en la ciudad de Las TunasPronto la doctora Raquel Garcia, rubia como su sonrisa y persistente hasta lograr lo que se empeña, recibirá una de las noticias más agradables desde que llegó hace cerca de 20 meses al litoral caribeño de venezolano.

Allá lo comenta con todos y la alegría le salpica entre los poros. Su hija mayor, también Raquel está próximo a terminar la carrera de medicina y el hecho se revierte para ella en mayor espíritu y dedicación como misionera de la Salud.

Todo me va bien y espero concluir con notas de excelente, responde la muchacha en cada comunicación telefónica con su mamá desde Las Tunas y a la vez le reitera que no se preocupe, que su relevo como médico está asegurado.

Fue ella, junto a otra tunera, la ginecóloga Margarita Labrada una de las primeras en llegar a la zona de la tragedia natural ocurrida en el litoral norte de Venezuela.

Epidemiologa y con más de 23 años de graduada, Raquel se estrenó en su primera misión médica en La Sabana, una región distante a casi 80 kilómetros del centro urbano de Vargas a donde llegó en una fragata, pues era la única vía de comunicación con el lugar.

Los caminos hacia el lugar estaban entonces interrumpidos por montañas de fangos a causa del derrumbe de los cerros debido a las intensas lluvias por el tormentoso acontecimiento climatológico.

En medido de esas adversidades, Raquel, toda una inspiración por su alta disposición, fue durante un tiempo la jefa del Grupo Básico de Trabajo de la colaboración médica en la zona y actualmente esta al frente de la labor epidemiológica del área de Catia La Mar.

MARGARITA, TRIGUENA Y CONSAGRADA

Margarita, se desempeña como jefa de los servicios de ginecología del Grupo Básico de Trabajo de Catia La Mar, en el Estado de Vargas, VenezuelaMargarita Labrada es una ginecóloga que aparenta entre siete y ocho años menos de los que tiene, aunque a nadie le oculta la edad real y todos la admiran por el buen carácter, siempre alegre y decidida para ir hasta los lugares más intrincados y difíciles de la Misión Médica cubana en Venezuela.

Hace ya un buen tiempo que esta fuera de su casa en el reparto Pena y siente la nostalgia natural por encontrarse junto a los suyos y de volver a las funciones como especialista en el policlínico Piti Fajardo, en la ciudad tunera.

Marapa, un sitio pegado a la costa, fue la ubicación inicial de Margarita, donde vio al mes de los trágicos sucesos de Vargas, como aun se sacaban de las arenas a personas muertas sin poderse identificar por los efectos conmovedores del desastre.

A ratos, mientras remomora los días de la llegada a suelos bolivarianos mira por las ventanas de su cuarto y percibe el aliento trasmitido por su papa, con quien reside en Las Tunas para que siempre sea ejemplo en la misión y donde quiere que se encuentre.

Como ginecóloga, Margarita atiende esa especialidad en varias áreas de Salud del Estado de Vargas y ofrece, además, consultas periódicas a embarazadas de forma, lo cual le permite mantenerse vinculada a su labor en el territorio tunero.

En ese ámbito, recuerda la noche en que tuvo que asistir a una joven de 18 años de edad cuando estaba a punto del aborto y que fue necesario trasladarla mediante el empleo de una soga por entre un río, pues era la única vía de comunicación desde su vivienda con el consultorio.

Ahora tanto Raquel como Margarita se distinguen como viejas conocidas y aseguran que a su regreso unirán con más fuerzas sus experiencias internacionalistas en función de mejores resultados en el trabajo integral de la Salud en Las Tunas.

Puntos de coincidencia: servir a la Patria

Por Jorge Pérez Cruz                   Fotos: Norge Santiesteban

No ha resultado fácil el cambio. Eso lo sé por experiencia propia. Uno se acostumbra a los mimos y las caricias familiares, a los consejos y sugerencias, a los desvelos por crearte las mejores condiciones para tu desempeño, a los elogios que hasta por cosas insignificantes suelen lloverse. A tantas y tantas cosas...

Ahora, te darás cuenta que también necesitas para enfrentar la vida, saltar con decisión ese cerco de amor y protección. Poner en firme a los mimos, las caricias. Recordar los consejos y sugerencias. Contribuir con tu esfuerzo personal a mejorar las condiciones para un mejor desempeño colectivo. Aprenderás a recibir y valorar los elogios cuando realmente lo merezcas. Son muchas, muchísimas las cosas útiles que incorporarás a tu experiencia personal.

¿La vida militar?, es como una dosis fuerte que complementa la buena formación que recibes en el hogar. Y resumo con esta expresión el sentimiento de dos jóvenes, que por estos días han hecho un alto en su habitual contrapunteo con los estudios para consolidar su vocación de soldados de la Patria.

Son ellos Adrián Acosta Pérez y Darién Moisés Otero González, dos nombres con aptitudes y actitudes, que se multiplican en otros que juntos defienden la geografía local con similar vocación.

Ellos no se conocen y anduvieron por derroteros diferentes trazando el mismo destino. A Adrián lo encontré en un centro de instrucción del MININT, a cuyas filas prestará servicios durante un año, y a Darién en una escuela de preparación para la defensa, de nuestras FAR, trinchera que ocupará por igual etapa en las campiñas habaneras como miembro del EJT.

Ambos encontraron en el árbol genealógico la motivación para estudios posteriores: Medicina y Psicología, en ese orden, con el legítimo afán de seguir haciendo el bien. Elevados índices académicos sustentan lo que fuera un sueño y hoy es sólo cuestión de tiempo.

Coincidencia total de un compromiso que las nuevas generaciones de cubanos asumen con naturalidad y una preparación que les permite asimilar las nuevas tecnologías al servicio del amparo de nuestra soberanía, y que van confirmando en las tradicionales despedidas organizadas por los Comités de Defensa de la revolución en sus cuadras de origen.

Maikel rompió su frontera

Texto y foto: Pastor Batista Valdés

Quizás una de las primeras en notarlo fue Lisset, la vecina de los altos: ya Maikel no era aquel adolescente delgaducho que "se pasaba el día echando palomas a volar por encima de los edificios".

No solo cariño; los muchachos del barrio también admiran mucho más hoy a Maikel.

Ahora, sin renunciar a esa pasión, parecen interesarle también otros asuntos: las amistades, el deporte, la familia, el acontecer del territorio, del país, del mundo...

Pero no solo en su interior se producía la metamorfosis. Físicamente Maikel Román Serrano "se convertía en otro": mayor estatura y peso corporal, músculos bien definidos a causa del equilibrado ejercicio, mejor gusto por el pelado y hasta una expresión mucho más adulta en el carácter.

Es curioso, pero aquel cambio no tenía que ver directamente con Castillo (su padre), ni con su mamá Maribel, ni siquiera con el barrio. Más de un año cumpliendo su servicio militar en la Brigada de la Frontera, en Guantánamo, lo transformó gradualmente en el joven que quizás ni él mismo soñó.

"Cuando me dijeron que había sido escogido para esa unidad me sorprendí bastante —asegura—, tenía mis dudas sobre cómo sería la vida militar allí, tan lejos de la familia, y sobre todo en un lugar como ese, al que se entra por medio de una selección y donde hay que mantener una fuerte disciplina.

"Aquella primera noche no fue como en mi casa, pero tampoco tan triste; nos acostamos entre chistes y jaranas. Nos dieron una bienvenida muy bonita. De todos modos extrañé a mi mamá; siempre habíamos estado juntos para todo."

VERDADES EN LA MIRILLA

"Mira, a mí no hay quién me diga que le gusta pasar años haciendo servicio de guardia, o soportar a los mosquitos cuando se ponen molestos, o aguantar el frío si baja la temperatura.

"Pero hay cosas que uno no olvida. La preparación combativa que recibimos es muy buena. A mí me encanta el tiro y allá lo hacemos bastante; yo soy técnico de nivel medio en Electrónica y he aprendido también muchísimas cosas de comunicaciones que me van a servir para el futuro.

"En el tiempo libre podemos practicar deportes, escuchar música, ver televisión; tenemos hasta un grupo musical, podemos bailar porque hay muchachas en el servicio militar voluntario femenino y eso nos hace sentir mejor; los jefes y oficiales nos dan buen trato y nos entienden.

"Cuando venimos de pase a la casa, nos traen un lunes en una guagua y nos recogen el siguiente; eso no falla."

—A veces no es fácil trasladarse hacia el futuro —le digo—pero si tuvieras que hacer una abstracción cómo imaginas que recordarás esta etapa dentro de 15 ó 20 años.

"En primer lugar quiero esforzarme para obtener el estímulo de la Orden 18 del Ministro de las FAR y estudiar Ingeniería en Telecomunicaciones, en Electrónica o algo así, y si lo logro, se lo agradeceré al servicio militar.

"Pero si de algo estoy seguro desde ahora es que voy a recordar mi paso por la Frontera como una etapa bonita, porque allí me hice militante de la Juventud, y voy a salir mucho más preparado y más capaz para enfrentar la vida."

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