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September 11 Web Archive Collection

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- OPINIÓN -

¿Sexo ciencia?

Por Graciela Guerrero Garay

Desde el mismo instante en que el sicólogo Sigmund Freud colocó al sexo en el centro del sicoanálisis, creo que el arte de amar entre dos cuerpos desnudos ha caminado mucho y por infinitos escenarios. Y en cada época ha existido el "realce erótico" , sea ya en una figura femenina, una obra de arte o un ritmo musical. Para los analistas, el recién concluido siglo estuvo signado también por la "sexacional" manera de proyectar este placer corporal del hombre, incluida la cuota de espiritualidad que merece y desencadena.

Quizás, por eso y por todo, cuando hoy se habla de sexo no necesariamente se piensa en amor, tal como si este ingrediente fuera parte de otra historia que nada tiene que ver con el acto creativo de la minifalda, diseñada por la inglesa Mary Quant en 1964. Hasta los descreídos saben --y coinciden-- en decir que el sexo se ha politizado y devenido un juego ciencia. Preservativos con sabores, cibersexo en Internet, desnudos "desnudos" y hasta los escándalos de la Casa Blanca con Mónica Lewinski y Bill Clinton, le dan la vuelta a la ruleta de la vida diaria y, en tanto, mucho dinero sucio y lavado danzan al unísono.

Es un plato fuerte en el mundo del negocio, que desplaza el pudor de las abuelas aunque el strip-tease lo inventara en su época la genial negra Josephine Baker y se llevara al podio de la política bajo el manto de lujo que adornaba el cuerpo de Margareta Gertrudis Zelle, la espía que acostó en su cama a los más escépticos Generales y se popularizó y trascendió con el nombre de Mata Hari.

La carne es débil también es la más común de las frases para ilustrar, en falso intento de justificación, los desmanes humanos que se cierran y abren ante un acto tan sublime de creación divina, que parece maldecido desde la génesis por el pecado de Adán y Eva y la archiconocida manzana de la discordia. Lo cierto es que en el primer anuario del siglo XXI, el sexo es tan bien cotizado como pudieran serlo los Jardines colgantes de Babilonia si se llevaran a subasta pública.

Sin embargo, encuestas de importantes firmas arrojan cifras en franca paradoja con los "motiv" que hacen crecer la industria del sexo. Los números dicen que los humanos de este siglo somos más monomaritales, pudorosos y ecuánimes que nuestros antepasados. Pero por más que he investigado, no he podido encontrar en bibliografía alguna ni nadie me ha dicho por qué en el lejano 1901 en New York desencadenaron una campaña contra el beso, por su bárbara y malsana esencia al tiempo que recomendaban que, de practicarlo, valía la pena realizarse un lavado bucal con antisépticos.

Tal parece, creo yo, que es una herencia sexóloga que viene sin antibióticos desde hace rato pues, por ejemplo, en España, por real orden, en 1913, se combatió la pornografía, que era evidente en los cines y hoy, ni hablar, porque las cintas que no tengan violencia y sexo no son taquillas de primera plana. Y  hasta Hitler estaba vinculado al sexo político y frustante con eso de tener un solo testículo, como aseguran fuentes médicas que culpan a la deformación biológica de ser la causante del mayor genocidio de la humanidad.

Lo que algunos bautizan como el politisexo también llegó a la presidencia de la Isla durante la época republicana, donde se afirma que Ramón Grau San Martín sostenía relaciones maritales con su cuñada, entre otros "picantes" chismes que han pasado a la memoria del tiempo. Todo sin contar las historias de los travestí, la homosexualidad de los famosos y la erótica ingenuidad de Marilyn Monroe, que para millones ha sido siempre la hembra más codiciada y sensual de todos los escaños de Hollywood, sin descontar que en los años 60 John Lennon y Yoko Ono subieron al podio de la revolución sexual.

En fin, que mientras se anuncia sin tapujos que el sexo seguro es de fibra sintética y se llama condón, muchos prefieren quemarse en las calderas del diablo y olvidarse del SIDA. O irse a las salas de chats de la gran telaraña del ciberespacio para dar rienda suelta a sus fantasías eróticas y "engendrar" lo que no dudo ahorita se llame "bebé cibernaútico" o "Baby on line" y hasta le den un certificado de nacimiento.

No lo dudo, tal como van las cosas, pues ya el sexo es una ciencia de la comunicación y no hay comunicación sin sexo. Lástima que los muertos de verdad no hablen para saber hasta dónde es cierto que hoy somos más timiditos y menos adeptos a la poligamia. O de donde nos viene la herencia del desnudismo disfrazado de "estilos de modas" . Si usted lo averigua, hágamelo saber pues, ciertamente, si hacer el amor es ahora un juego ciencia rentado y con mucha publicidad vale ponerle testa y cordura, no sea que con tanta democracia sexual se le ocurra a un seximesino dictaminar en Alaska que todos los habitantes del planeta nacieron sin ropa y han de andar así por este mundo. De ahí para alante y con tantos "cuerdos" sueltos, qué podrá pasar...¿Ya se lo imagina?


NEW YORK Y WASHINGTON:

LAS PUERTAS DEL APOCALIPSIS

Por: Julián Puig Hernández

El mundo se ha conmocionado en los últimos días por los acontecimientos que han enlutado la paz mundial. Aún yacen bajo los escombros centenares de víctimas de un desastre cuyo telón de fondo fue puesto por el terrorismo ciego e irreverente.

El odio, que matiza el desastre de New York y Washington, pretende solucionar los ardores de los tiempos, y esto no es más que el símbolo de un clímax de contradicciones que se ha venido acumulando a través de los años.

Ahora se dice que culpables y los que le dieron cobijo pagarán; es decir, que vendrá la revancha, para sellar con sangre lo que inició con sangre. Estos hechos, es menester decirlo, han incendiado un detonante de impredecible final.

Se ha llamado a la cordura y a la inteligencia. Ya son demasiadas las personas que han muerto sin saber las causas y otras esperan, con inocencia, engrosar la lista.

Las dos ciudades norteamericanas recibieron los impactos sin que organización alguna internacional las aprobara, hasta el momento. Otras urbes, de magnitudes importantes, también han sentido bajo sus cimientos las detonaciones de la máquina de la guerra, al amparo de resoluciones que no son más que formas de legalizar el crimen. ¿Qué diferencia hay entre una y otra cuestión?

Matar sin sentido: y así dicen algunos que el mundo está en desarrollo, pero en definitiva no es más que la evidencia de cuánta distancia existe entre los lenguajes de los hombres que habitan las naciones del universo, y la contradicción radica en que algunos tratan de imponer como válido el que resulte de su conveniencia.

El mundo es de todos y compete a todos hacerlo hermoso. No es creíble ahora que los crímenes de New York y Washington pueden comprenderse usando para ello la violencia de estado. Esto debe servirnos para analizar que la hermandad entre las naciones no existe y que urge restablecerla con la ración de amor de que se carece.


Ante el derrumbe de las Torres

El "gemelo" sentimiento de este pueblo

Por Pastor Batista Valdés

Hoy me siento más orgulloso aún de vivir en Cuba.

Porque hasta en los instantes más trágicos este pueblo ensancha sentimientos, irradia solidaridad, multiplica honores.

Tal vez algún acérrimo enemigo de la Revolución Cubana suponga que los cubanos disfrutamos o, cuando menos, permanecemos impasibles ante la tragedia que está sufriendo la población norteamericana, tras los actos de terrorismo dirigidos contra importantes instalaciones en ese territorio...

Cómo explicar, sin embargo, que desde la difusión inicial de esa dramática noticia prácticamente haya desaparecido de nuestras calles la habitual sonrisa a flor de rostros.

No por carecer de familia en los Estados Unidos, a una mujer llamada Carmen González se le humedeció la mirada entre sollozos. No por mero formalismo Juan Carlos, soldador, comentaba con voz apagada cuánto dolor embargaría en ese instante a miles de familias de aquel país, o la pequeña Yanela le preguntaba a su mamá si habría niños bajo los escombros, como tampoco por casualidad televisores y radios permanecen en cada hogar casi ininterrumpidamente conectados, en sintonía con las informaciones acerca de los fatales sucesos.

Consternación, dolor, voluntad de cooperar, es lo que predomina. Conocedor, como nadie, de lo que este pueblo atesora en sí, Fidel lo sintetizó magistral y rápidamente una vez más, no solo al expresar las condolencias de más de once millones de cubanos, sino también la total voluntad y capacidad de Cuba para ofrecer ayuda sanitaria y médica, si fuera necesario, con personal especializado, recursos e incluso plasma.

Hoy –y no es por criticar, ni comparar- se me refuerza la dicha de vivir aquí. "Que triste debe sentirse un pueblo que ante una catástrofe así es víctima del pánico y no sabe cómo actuar" –comentaba un anciano en espera del autobús, en tanto Leyva, un vecino del reparto Buena Vista, me decía: "¿Y quién convencería a nuestro Comandante en Jefe de resguardarse en un lugar seguro ante un caso similar?..."

Hasta de las desgracias y calamidades –y sobre todo de ellas- es posible extraer experiencias. Ojalá las autoridades y ciudadanos norteamericanos puedan sacar pronto las más saludables en torno a esta indeseable situación, detrás de la cual está uno de los principales males que hoy amenaza al mundo: el terrorismo.

Por lo pronto yo sólo sé, en un plano estrictamente personal, que al clarear el nuevo día, junto a la conmoción voy a seguir sintiendo una indescriptible paz interior cuando más de un amigo, vecino o transeúnte comente que anoche no durmió bien, o que "soñó" más de una vez la pesadilla de un rascacielos derrumbándose envuelto en una nube de polvo, muerte y llamas.

Porque esas personas –que nos rodean a usted y a mí aquí en Cuba- no tendrán en este amanecer un auto de último modelo para sufrir el atestamiento de otros miles de fastuosos carros rumbo al trabajo... (y tomarán, como cada día el ómnibus); carecerán tal vez de otras muchas cosas materiales más necesarias aun en el hogar, pero llevan dentro una sensibilidad humana no solo más alta que cualquier torre hecha por la mano del hombre, sino también probadamente inderrumbable ante la acción del tiempo o de la embestida de las miserias humanas.


Niñez y adolescencia en Cuba

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