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Eso fue
terrorismo
Por
Jorge Pérez Cruz
Desde hace tres años fue establecido el 18 de octubre como la
fecha para rendir tributo a los combatientes que protagonizaron la
lucha contra los bandidos que pretendieron sembrar el terror en
nuestros campos y ciudades, orientados, estimulados y financiados
por la tenebrosa Agencia Central de Inteligencia norteamericana.
El día escogido rememora el momento del año 1959 en que Los
Malagones, organizados en lo que constituyera la semilla de las
Milicias Nacionales Revolucionarias, recibieran la orden del
Comandante en Jefe de capturar al cabo Lara, forajido alzado en
las montañas pinareñas.
En la actual provincia de Las Tunas hubo presencia de
organizaciones contrarrevolucionarias, algunas estructuradas
nacionalmente y otras surgidas en el territorio, entre ellas se
cuentan: La Rosa Blanca, Movimiento 30 de Noviembre, Acción
Nacional Anticomunista, y Movimiento Democrático Cristiano, que
fueron las de mayor influencia.
Otras con menor incidencia fueron: Ejército de Liberación
Nacional, Movimiento Revolucionario Popular, Movimiento
Revolucionario Radical, Movimiento de Liberación Frank País,
Frente Anticomunista de Liberación y Resistencia Agramonte.
Todas tenían como denominadores comunes, además del apoyo
norteamericano, bases burguesas, pequeñoburguesas, de
latifundistas y terratenientes, y el estímulo a acciones de
carácter subversivo y terrorista, a pesar de que sus
denominaciones sugerían otras alternativas.
Sin excepción, constituyeron aliento para sectores extremistas
que se lanzaron al bandidismo y dieron al traste con la creación
de agrupaciones armadas, cuyas acciones - enmarcadas en los años
de 1960 a 1965- enlutaron a varias familias tuneras y ocasionaron
cuantiosas pérdidas económicas y de vidas humanas.
Los asesinatos de milicianos, los asaltos a integrantes de esa
nueva fuerza de apoyo a la revolución, y de sus cuarteles, el
incendio de camiones, ómnibus, viviendas, áreas cañeras, entre
otros, fueron aborrecibles hechos con los que procuraron destruir
a la Revolución desde la alborada del primero de enero de 1959.
Eso fue terrorismo, y la respuesta del pueblo organizado en las
FAR, el MININT; las MNR y los batallones de Lucha Contra Bandidos,
borró el mal, pero en la memoria agradecida de las nuevas
generaciones se levanta un pedestal a los héroes y mártires de
una epopeya que liberó a la población del exterminador flagelo
en esta zona, donde el 24 de mayo de 1965 se liquidó la última
banda.
Fuente consultada: Investigación del licenciado
Plácido Cruz, presidente la Unión de Historiadores en la
provincia.
Panchila
habló con el Che
Por
Jorge Pérez Cruz
Foto: Alexis Peña López
Por su
carácter bonachón y esa sonrisa, casi siempre a flor de labios,
Francisco Espinosa Espinosa hace tiempo que perdió su nombre
propio, para contestar sin sonrojos cuando lo llaman Pancho
o simplemente Panchila. Así lo identifica la mayoría de
los vecinos de las praderas que ocupan los barrios de Gamboa,
Leonero, Dormitorio...
Pero este no es un caso excepcional, la idiosincrasia del
cubano, su jocosidad condicionan esos cambios sin que medie
gestión administrativa o jurídica alguna.
Traigo a Panchila a estas páginas después de oírlo
repetir con insistencia y orgullo sus vivencias sobre el
paso del Comandante Ernesto Che Guevara por esas zonas, ubicadas
al sur del actual municipio de Las Tunas, cuando protagonizaba la
invasión hacia occidente al frente de la columna 8, Ciro Redondo.
Pese a sus 75 primaveras y a que 43 años separan de la
actualidad esa epopeya, él recuerda con lujos de detalles la
impronta dejada en su memoria y en la de los pobladores del lugar
las orientadoras palabras del legendario guerrillero.
"Ese día –6 de septiembre de 1958- yo hablé con el
Che", lo afirma y se desgrana en los recuerdos de la
memorable jornada: "Yo fui a la tienda de Arístides Guerra,
y allí estaba el Che en persona. Entonces pedí seis libras de
azúcar y una de café, y él me preguntó para qué las quería,
le dije que para brindarles a sus compañeros, y no me permitió
pagarlas. ‘El importe ponlo en mi cuenta’, le pidió al dueño
y así se hizo.
"Ya por la mañana la gente del barrio quiso darle la
leche para el desayuno a la tropa, y él no aceptó: ‘¿Y el
desayuno de ustedes?’, preguntó. Entonces se le explicó que
iba a sobrar porque no podía llevarse para Bayamo, su decisión
fue dejar a uno de sus hombres encargado de verificar que primero
cogieran todos los vecinos. La que quedó se repartió por
pelotones.
"Después volvió a la tienda para comprar los víveres
del almuerzo. Por la noche hubo una reunión con los obreros de
las arroceras. Comenzó a hablarnos Pedro Rivalta (Moisés).
Los trabajadores se quejaron porque pagaban muy barato la chapea
de los diques, y el Che intervino: ‘Si se chapean los diques se
da el arroz, y si no lo chapean ¿se da?’. Le contestaron que
sí. Entonces afirmó: ‘Esta no es la hora de apretar al
patrono, porque si no los chapean quienes pasan hambre son ustedes’.
Y aclaró: ‘Antes de sembrar no se le puede reclamar al patrono,
porque no siembran, ellos le echan el ganado y los que pasan
hambre son ustedes.’
"Los productores se lamentaron por lo poco que pagaban por
el corte del arroz, y él dijo: ‘Esta sí es la hora de
reclamarle, pues si no se corta la cosecha se pierde.’ También
planteó las bases de un sindicato, pero insistió en que ese no
era el momento para hacerlo, ‘pues si lo intentan los dueños
los despiden, y lo que se quedan sin trabajo son ustedes’,
repitió."
Así, de manera sencilla y didáctica, el Che iba dotando a las
masas de formas de lucha más efectivas para exigir sus derechos y
develaba la carga de igualdad de un proyecto social que bajaba de
la Sierra vestido de verdeolivo para sembrar la esperanza entre
los humildes.
"Antes de continuar el viaje volvió a la tienda, compró
medicinas, ropa y calzado, y cuando fue a pagar se dio cuenta de
que estaba arrancado. El dueño le dijo: ‘Págueme cuando pueda’,
y a los pocos días, desde Bahía (otro campamento que tuvo en
Leonero), mandó a un combatiente a saldar la deuda. Así era el
Che."
Sin averiguarlo, contaba a Panchila entre los explotados
trabajadores de las extensas arroceras, y casi fortuitamente me
entero, por él mismo, de que era el mayoral. Me sentí
traicionado y le preguntó: "En esos momentos no sentiste
amenazados tus intereses, tu trabajo."
"Fui mayoral –me contesta, sin perder su jovialidad -,
pero nunca agredí a un obrero. Le di caballos a los alzados y al
médico de Víctor Mora le entregué uno de los míos."
Y esa verdad la argumenta: "Cuando triunfó la Revolución
me quedé trabajando en la arrocera, luego vino la intervención,
y en una reunión los propios trabajadores me eligieron para que
los dirigiera. Era un lote que se subordinaba directamente al
administrador de la granja Hermanos Mayo."
Francisco, Pancho y Panchila, que son la misma persona jaranera
y criolla, desde el 24 de julio de 1926 no ha podido desprenderse
nunca de ese pedazo de tierra que lo vio nacer, ni de la huella de
cariño y confianza que despertaron en él los barbudos de la
Sierra.
Nuestros
muertos en la memoria
Por
Jorge Pérez Cruz
Fotos: Norge Santiesteban
A
pocas horas de conmemorarse el aniversario 25 de la voladura en
pleno vuelo de un avión cubano frente a las costas de Barbados,
en el que perdieron la vida 73 personas, una amplia
representación de diferentes sectores de la sociedad tunera se
congregó frente al Memorial Mártires de Barbados, para rendir
tributo a sus muertos.
El museo esta ubicado en lo que fuera la casa del joven Carlos
Leyva González, víctima del horrendo crimen y que fuera
integrante del equipo de esgrima que tan dignamente representará
a nuestro país en los juegos juveniles Centroamericanos y del
Caribe de esa especialidad, evento en el que barrió con todas las
medallas de oro.
En ese mismo lugar, Emelia Leyva Galeano, hermana de Carlos
develó una tarja que identifica la residencia; y Anolan de la
Cruz y Edelmis Márquez, compañeras de equipo de Carlos y
Leonardo McKenzie, también asesinado el 6 de octubre de 1976 como
consecuencia del abominable atentado, depositaron una ofrenda
floral en una escultura situada en el patio del memorial.
Los oradores
coincidieron en el planteamiento de que los ideales no se matan ni
con cañones, ni con bombas, y argumentaron con ejemplos que
demuestran que el pueblo cubano ha sufrido por más de 40 años de
este tipo de ataques, organizados y financiados por fuerzas
ultraderechistas desde el territorio de los Estados Unidos, y
siempre ha mantenido una posición de principio en el
enfrentamiento de este flagelo.
Los derechos de defender a su pueblo cristalizan hoy en la
viril actitud de los cinco compatriotas injustamente detenidos en
prisiones norteamericanas, cuyo único delito ha sido penetrar las
bandas terroristas que en Miami fraguan sus acciones contra Cuba,
por lo que exigieron su inmediata liberación y la condena a los
culpables del dolor de los cubanos. Eso sería fácil pues se
conocen y existen pruebas irrefutables para juzgarlos.
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